martes, 7 de abril de 2009

Todos somos monte.

Sobre la báscula el principio del día,
los primeros instantes del alba.
Sobre la báscula en la medianía de la mañana,
cuando los peces ya poblaban los aires y las profundas aguas.

Verificado el peso cuando las aves les dijeron adiós
a sus hermanoslos anfibios…
cuando los anfibios guardaron silencio
al ver emigrara algunos de los suyos
para trocarse en hombres.

Es el mismo peso,
no ha engordado,
no ha adelgazado.

Todos somos monte.

Yo lo sé

Yo lo sé,
sólo yo sé que no es cierto,
aún así necesito decirlo.

Extirpar las palabras que anidan
en las más oscuras esquinas
de este corazón.

Es necesario ventilar
los húmedos corredores
por los que se pasean,
la desesperada espera,
la áspera melodía.

Sólo yo sé que es mentira,
pero necesito acribillar
la piedad de estas palabras
con los certeros disparos
que desde un lunes
se abalanzan,
empujan y retroceden,
iluminan lo mismo que esquivan:
cobijan lo mismo que sacuden.

Ya lo sé,
yo lo sé,
es mentira.

Pero si no lo digo,
me voy a pudrir por dentro.
.
.
.

Así que ahora andamos por desiertos.

Así que ahora andamos por desiertos.
Así que esto es un desierto,
la poesía poco hace por la sed.
Ésto seguramente es la sed.

Triunfantes las gotas de sudor
Clavan su bandera dúctil,
reclamando la posesión total de un cuerpo
que se sorprende por la presencia de esto que llaman desierto.

¿De verdad andamos en desiertos?
Dime que esto es un desierto.
Hay una camisa que se pega a una piel, que se humedece,
que pierde consistencia,
el aire, ( es eso el aire, ¿verdad?) resume las fábulas,
las filípicas que he ganado,
los versos acres del aire enrarecido de esta botella
que llegó a mi tras sobrevivir a un naufragio
.

Te doy mi palabra

Te doy mi palabra, la que me origina, la que callada espera, la insomne, la plurisomne, la esdrújula y la que en un grito ahoga el pesado peso…

lunes, 28 de abril de 2008

Que todo fuera como esto!!!!


Habría menos manchas de sangre en los rieles del metro, habría menos chamaquitos que pasean su tilín en las colonias proletarias de las grandes urbes. Habría menos letreros de ofertas mentirosas en los mercados. Habría más poesía y menos ortografía, menos asfalto y más abrazos. Habría menos suelas gastadas y habría más veredas nuevas. Los soles que iluminan estos patios darían más sombras para descansar las conversaciones que se interrumpen en la madrugada, tejabanes frescos pa’ la plática y pa’l recuerdo. Jarritos de barro con agüita fresca y un violincito hidalguense que se pone a la plática y plática con un guitarrita de Paracho, cuando se cuentan de sus pueblos, de sus caminos, de sus veredas, de lo que los ojos de las maderas han visto, de las lenguas que a lapsos intermitentes aprenden, olvidan y vuelven a aprender. Y ahí estaría el míspero regalando su sombrita, ahí estaría el canelo, haciendo como que no entiende la plática de la gente, para inmediatamente después irle a contar al pino mientras le echa una miada.
El vaporcito en la olla de los frijoles también como que le quiere entrar al argüende, bufa dentro de la olla por que quiere salir a contar del fuego, del aire, de la tierra y del agua que le dan forma, quiere platicar que allá en la panza de la tierra no hay más plática, todos ya conocen la palabra del otro que es la suya propia, ya nadie necesita decir nada, es silencio, pero un silencio en el que se encierran todos los sonidos de la tierra, los que hicieron vibrar con estertores de cataclismo y volcán las primeras horas del mundo y las ultimas notas del himno de muertos que habremos de entonar cuando se abra el séptimo sello…
…¿De que pendejadas hablas?- Me grita el vaporcito de la olla de los frijoles. -¡Deja de hacerte pendejo vale!- Y me devuelve al ruidero del mundo, a la cantaleta del aire y el chingado chilladero de pájaros en la enramada, me devuelve al brillante canto de los olores que se cuelan a través de kilómetros y kilómetros de asfalto. Le echo tantita a agüita a la belén que esta junto a la puerta y me apuro a llegar a la chinga, que es la forma en la que ahora sé cantar, como lo hacen el vaporcito en la olla de los frijoles y los pájaros en la enramada.

Violeta amarilla



Y ai ando, ando, como andas,
como andanada de perros rabiosos,
camino y no avanzo,
vueltas y vueltas doy en el mismo lugar,
bostezo y cada bostezo una bocanada de aire se gasta,
se pierde,
me pierdo con el aire de la bocanada perdida,
nos perdemos,
como alguna vez me perdí.
Te perdí de vista.

Y ‘ora?

‘Ora no hay rayitas blancas que indiquen donde un carril,
donde yo.
Pero camino dando vueltas y me rio,
me rio de la sombra a mis pies que se enoja
por que no me estoy en paz,
por que no la dejo estar.
El policía esta bien atento
y no puedo pegar el salto para llegar al anden.
Las puertas se abren,
pero no para mi,
sino para escupirme en la cara 1,500 kilos de grasa y de aburrimiento

que embisten la pequeña violeta amarilla
que traía en la solapa para hacerte reir.

Un canto a la vida se atora en mi garganta


Un canto a la vida se atora en mi garganta,
la risa en mi rostro es áspera,
mi rostro es de piedra,
una piedra que respira,
una piedra con espinas con las que otean el aire.
Un canto que surge de esta piedra.
Humedad debajo de su piel,
movimiento de cristales.
Piedra y metal,
dan paso al fuego.
Un canto a la vida se asoma en la garganta de esta piedra.
En la sal de esta piedra.
En la sal en mi garganta.